Lanza dos piedritas idénticas desde la cima de una montaña: si una cae un centímetro más a la izquierda, en un minuto estarán en valles distintos. Una galaxia es como esa montaña, pero con miles de millones de piedras y una ladera que se extiende a lo largo de millones de años. Los autores del nuevo trabajo simularon un disco de 40 millones de puntos-estrella y comprobaron qué tan rápido olvida dónde estaba al principio.
Resulta que casi al instante. El tiempo en que la divergencia entre dos galaxias casi idénticas se multiplica es menor a 0,1 millones de años. Para que te hagas una idea: la luz del centro de la Vía Láctea tarda 25 mil años en llegarnos, y los dinosaurios se extinguieron hace 66 millones de años. El disco estelar pierde la memoria del pasado antes de que se forme una sola onda espiral.
Lo más interesante es el destino de la barra, esa estructura alargada de estrellas en el centro. Su nacimiento no depende de perturbaciones diminutas, pero su fuerza y su vida posterior sí. La dispersión entre las simulaciones es máxima justo cuando la barra es más fuerte, y desaparece cuando la barra se "rompe": pierde simetría y se engrosa. Así que incluso en modelos ideales, una misma galaxia puede desarrollar una barra de distinta potencia.
Para los astrónomos, esto es una advertencia: los potenciales suaves con los que se describen las órbitas de estrellas individuales mienten en escalas de tiempo más largas que el tiempo caótico. La Vía Láctea olvida sus condiciones iniciales más rápido de lo que tardamos en parpadear, y esto no es una metáfora, sino el resultado de un experimento numérico.
El tiempo de caos en la galaxia es menor a 0,1 millones de años; es como si olvidaras dónde dejaste las llaves en una milésima de segundo.