Los científicos captaron por primera vez la luz del Universo primitivo que arranca electrones de los átomos de hidrógeno. Esta luz atravesó el espacio más fácilmente de lo esperado, como si la niebla cósmica resultara más transparente. Esto significa que ya entonces existían estrellas muy calientes. ¿Qué otros secretos esconde el amanecer de los tiempos?
Tras el Big Bang, el Universo se llenó de gas frío, principalmente hidrógeno neutro y helio. Envolvió el cosmos como la niebla matutina, impenetrable para la luz. Así comenzó la Edad Oscura.
Cuando se encendieron las primeras galaxias, su radiación, como un potente reflector, empezó a arrancar electrones de los átomos. Este proceso —la reionización— fue disipando la niebla poco a poco, volviendo el espacio transparente.
Por primera vez, los astrónomos han registrado directamente esa luz purificadora. El telescopio «James Webb» y otros instrumentos estudiaron galaxias visibles mil millones de años después del Big Bang. El análisis espectral reveló que casi el 80% de la luz ultravioleta escapaba al exterior, mucho más de lo que predecían los modelos. Pero la mayor sorpresa fue que parte de los fotones tenían energías superiores a 24,6 electronvoltios, suficientes para arrancar electrones incluso del helio. Hasta ahora se creía que esto solo ocurría en etapas posteriores. Así que las primeras estrellas fueron auténticos titanes, y su luz bastó para disipar la niebla incluso en los átomos más resistentes.
🎯 Los fotones más energéticos tenían energías superiores a 24,6 electronvoltios, suficientes para arrancar electrones incluso del helio. Antes se pensaba que esto ocurría mucho más tarde.
🎬 En la serie «Firefly», la nave «Serenity» viaja a través de mundos que brillan con la luz de incontables soles. Los astrónomos han captado esa luz antigua que encendió esos soles.