El agujero negro no solo engulle todo a su alrededor, sino que también se evapora lentamente, como un cubo de hielo al sol. Mientras el agujero adelgaza, los campos cuánticos a su alrededor empiezan a comportarse de manera inusual. En un nuevo trabajo, los físicos siguieron cómo cambia el entrelazamiento — ese parentesco especial entre partículas que se mantiene incluso si se separan por grandes distancias.
En un mundo ordinario sin agujeros negros, el entrelazamiento entre trozos distantes del campo puede reavivarse una y otra vez, como un eco que regresa tras muchos pasos. Pero cuando hay un agujero negro en evaporación cerca, ese eco empieza a apagarse. La razón está en cómo el agujero mezcla la información. Si la mezcla es lenta, los picos de entrelazamiento aún son visibles. Si es rápida, se suavizan y desaparecen. Los autores encontraron el punto donde los picos desaparecen por completo: en ese momento, el tamaño de la región que abarca el entrelazamiento crece exponencialmente con el tiempo de mezcla.
El trabajo conecta dos extremos: el mundo de partículas libres, donde el entrelazamiento se propaga como una onda, y el mundo del caos máximo, donde cualquier memoria del pasado se borra casi instantáneamente. Resulta que se puede transitar suavemente entre ellos, simplemente cambiando la velocidad a la que el agujero negro entrelaza la información.
En el mundo cuántico, el entrelazamiento no se debilita con la distancia, a diferencia de una señal de radio: dos partículas pueden separarse hasta el borde del universo y seguir siendo una sola entidad.
En la novela «Spin» de Robert Charles Wilson, un velo alienígena alrededor de la Tierra actúa como un filtro gigante que altera el flujo del tiempo, algo parecido a cómo el agujero negro aquí filtra y amortigua la memoria cuántica.