El Universo es como un globo que se infla. La mecánica cuántica prohíbe medir con precisión al mismo tiempo cuán grande es y qué tan rápido se expande. Este principio impregna el cosmos: una nueva ecuación afirma que la expansión del Universo y su tamaño están ligados por una incertidumbre fundamental. Ya en el siglo pasado, Edwin Hubble y Georges Lemaître observaron que las galaxias se alejan, y Adam Riess demostró la aceleración, señalando hacia la energía oscura. En el nuevo modelo, todo depende de un solo parámetro. Si es positivo, surge esa misma energía oscura. Si es negativo, en lugar del Big Bang con una singularidad infinita ocurre un rebote suave: el Universo no colapsa en un punto, sino que se despliega desde una contracción. Para explicarlo no se necesitan nuevas partículas ni campos. El efecto está generado por el horizonte cósmico, el límite del Universo observable, donde la gravedad cuántica se vuelve perceptible con telescopios.
Si el Universo es un globo que se infla, los efectos cuánticos difuminarán o su tamaño o su velocidad de expansión; no se pueden obtener valores exactos al mismo tiempo.
El modelo resuena con la idea de un Universo cíclico de la ciencia ficción: el cosmos no explota, sino que transita suavemente de la contracción a la expansión.