Los científicos han calculado cuánto vive un agujero negro en evaporación después de que deja de “brillar” clásicamente. Resulta que la purificación de la información cuántica toma un tiempo que crece como la cuarta potencia de la masa, y teniendo en cuenta la gravedad cuántica, incluso exponencialmente con el área inicial. Esto apunta a la existencia de un diminuto remanente “blanco” que emite información muy lentamente. Es como si la última gota de una pipeta tardara una eternidad en caer.
Los agujeros negros no son eternos: pierden energía lentamente emitiendo entropía —una medida de información oculta— en forma de calor. Este proceso fue predicho por Stephen Hawking. Pero hasta ahora seguía siendo un misterio qué sucede al final, cuando el agujero casi ha desaparecido y debe devolver los datos capturados.
Ahora los físicos han demostrado: tras la evaporación de la masa principal, queda un diminuto agujero blanco. Como una brasa que se apaga, libera lentamente la información. El tiempo de esta «limpieza» crece con la masa del agujero negro original mucho más rápido de lo que se pensaba.
Quizás podamos detectar la débil radiación de estos restos; tal vez sean ellos los que se ocultan bajo la apariencia de materia oscura.
🎯 El tiempo de evaporación total de un agujero negro con la masa de una montaña supera en miles de millones la edad del Universo. Y los agujeros microscópicos del principio de los tiempos quizás se están apagando ahora mismo, y su último calor podría ser captado.