En campos intensos, el vacío da a luz pares de partículas, como una banda elástica estirada que se rompe. En tales pares se descubrió una «magia no local»: una característica cuántica especial que surge de su profunda conexión incluso a gran distancia. ¿Podría esta magia ser un recurso para las tecnologías del futuro?
Como una pareja de baile que surge repentinamente en el escenario de la nada, una partícula y su doble especular de antimateria aparecen cuando un campo cuántico es sacudido por un potente impulso. Sus movimientos están instantáneamente sincronizados: cambia una y la otra reaccionará, incluso si están separadas por galaxias diferentes. A este vínculo invisible se le llama entrelazamiento cuántico. Una investigación reciente ha revelado una nueva faceta de este vínculo: la magia cuántica. No es solo entrelazamiento, sino una medida de complejidad que es imposible de calcular en un dispositivo común; solo una computadora cuántica puede procesarla. Es sorprendente que la magia no desaparezca, incluso cuando las partículas se separan por años luz. Pero la sorpresa principal es que cada par de estas, en esencia, forma un microscópico agujero de gusano, un túnel en el espacio-tiempo curvado. Esto explica por qué el vínculo es instantáneo: la distancia simplemente desaparece. Estas ideas, que se remontan a las conjeturas de John Archibald Wheeler y Stephen Hawking sobre la naturaleza de los agujeros negros, alcanzaron su forma completa en los trabajos de Juan Maldacena sobre la teoría de cuerdas y la gravedad. Así, la danza de las micropartículas se entrelaza con la geometría del Universo.
🎯 La magia cuántica es una medida de la complejidad del estado. Ni siquiera una supercomputadora del tamaño de un planeta podría simularla; solo una cuántica.
🎬 Como en «Interstellar», donde un agujero de gusano conectaba galaxias, aquí túneles microscópicos vinculan pares de partículas, haciendo de la distancia una ilusión.