En algún lugar de las ecuaciones de la gravedad cuántica se oculta la respuesta: el tiempo no existe hasta que las partes del cosmos se “sienten” mutuamente. El tango del volumen y la anisotropía engendra un ritmo en el que la singularidad del Big Bang pierde sentido. La probabilidad del punto es nula. El Universo siempre ha estado en movimiento. Nuestro pasado no es un instante, sino una melodía cuántica difusa que resuena desde dentro.
🎯 La paradoja de Page-Wootters (1983): sin reloj externo, cualquier cambio es una ilusión generada por el entrelazamiento. El Universo es como una película: está inmóvil hasta que pasas el dedo por los fotogramas.
🎬 Esta concepción resuena con la paradoja del bootstrap del relato de Robert Heinlein “All You Zombies”: allí el tiempo también se crea a sí mismo, sin un punto de referencia externo, enlazando causas y efectos en un bucle.