El conductor gira el volante para que el coche doble. En el mundo cuántico también hay "volantes": parámetros externos que se cambian suavemente para trasladar partículas de un lugar a otro. Así funciona la bomba de Thouless: cambiando las condiciones lentamente, se puede bombear un número estrictamente definido de partículas, y ese número está protegido contra perturbaciones por la propia geometría del proceso. Pero, ¿y si quitamos al conductor y dejamos que el sistema gire el volante por sí mismo?
Los autores del nuevo trabajo propusieron exactamente eso. Tomaron una cadena de átomos por la que se mueven electrones y le añadieron un espín cuántico: un pequeño imán colocado en un campo constante. El espín comienza a precesar, como una peonza cuyo eje describe un cono. Esta rotación realiza por sí sola el ciclo necesario, reemplazando el control externo. El resultado es una bomba cuántica autónoma: nadie toca las palancas y, aun así, las partículas se bombean.
No todo es perfecto. Los electrones, al pasar por la cadena, sienten el espín y pueden tirar de él, alterando el ritmo. En algunos estados, esta retroalimentación destruye el bombeo, como si los pasajeros agarraran el volante y estorbaran al conductor. Pero los investigadores encontraron un umbral: si el campo magnético es suficientemente fuerte, el espín se vuelve "testarudo" y ya no se desvía. Por encima de ese umbral, el bombeo se restablece y recupera la protección topológica, esa misma que lo hace insensible a pequeñas perturbaciones.
La idea de un motor cuántico autónomo abre el camino a dispositivos que funcionan sin electrónica externa compleja, basándose solo en propiedades cuánticas internas. Quizás en el futuro estas bombas formen parte de ordenadores cuánticos o de sensores de precisión extrema.
La bomba de Thouless lleva el nombre de David Thouless, quien en 1983 demostró que, al cambiar lentamente los parámetros de un sistema, se puede bombear un número entero de carga, y ese número no cambia ante pequeñas distorsiones del ciclo.
En la novela "La rosa y el gusano" de Robert Ibatullin se describen mecanismos cuánticos que funcionan con ciclos internos sin intervención externa, casi como la bomba autónoma propuesta.