Imagina que nuestro universo pudo haber nacido como una burbuja en agua hirviendo. Los científicos han encontrado unos “agujeros de gusano” especiales con forma de copa que permiten que nuevos universos surjan dentro de los ya existentes. Resulta que, bajo ciertas condiciones, estos agujeros se descomponen en dos partes, cambiando la topología del espacio. ¿Podría ocurrir esto en nuestra realidad?
Justo después del Big Bang, según la teoría de Alan Guth, el espacio se infló instantáneamente. La causa del impulso seguía siendo un misterio: los cálculos se detienen en el punto de densidad infinita.
Los físicos encontraron la respuesta a nivel cuántico: puentes microscópicos — agujeros de gusano — en el tejido del espacio-tiempo. Si ese puente lleva un campo especial o una carga magnética, se estira adoptando la forma de una copa de vino. La copa es nuestro universo en expansión, el tallo es un cuello estrecho y la base es el mundo original.
En el límite de cero, el tallo desaparece. La copa pierde conexión con la base y se convierte en una burbuja con energía oscura. Precisamente esa imagen del «nacimiento de la nada» fue la que pintó Hawking. Ahora ambos escenarios son solo los extremos de una misma forma. La copa cuántica se convierte en la cuna del cosmos: da un origen sin singularidad e impulsa el crecimiento.
🎯 En el límite de carga cero, el tallo desaparece y la copa de vino se transforma en dos objetos independientes: una burbuja en expansión y el vacío. Así la teoría une dos escenarios del nacimiento del universo que parecían opuestos.
🎬 En la película Interestelar, los agujeros de gusano son pasajes entre galaxias, pero aquí engendran universos enteros, siendo invisibles puentes cuánticos.