Una piedra cae en un estanque y las ondas se expanden en círculos. Si la piedra no cae, sino que pasa rozando la superficie a gran velocidad, de su movimiento surge una onda recta que corre por el agua. Cuando esa onda choca con un tronco flotante, desde el punto de impacto vuelven a salir círculos. Así, aproximadamente, funciona la gravedad en este nuevo trabajo.
En él se estudia una pareja: una partícula ultrarrápida (como esa piedra) y un cuerpo pesado e inmóvil (el tronco). La partícula veloz crea a su alrededor una onda gravitacional plana: una ondulación en el tejido del espacio. Cuando esa ondulación alcanza al cuerpo masivo, perturba su campo y surge una onda esférica secundaria que se expande en todas direcciones. Los autores han calculado por primera vez su intensidad y su forma de manera analítica, es decir, han obtenido ecuaciones exactas y no solo estimaciones numéricas.
Este escenario no es solo un ejercicio matemático. En el espacio, partículas con enorme energía realmente pasan cerca de estrellas y agujeros negros. La onda esférica que se genera podría llevar información sobre cómo funciona la gravedad en campos intensos, y quizás algún día detectores sensibles logren registrarla.
Las ondas gravitacionales son tan débiles que incluso las producidas por la colisión de agujeros negros estiran un detector de un kilómetro en la milésima parte del tamaño de un protón.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, los extraterrestres utilizan ondas gravitacionales para transmitir mensajes a través de la galaxia.