Los investigadores propusieron un modelo en el que, en las etapas tardías de la vida del Universo, un campo escalar altera el ritmo de expansión, resolviendo la llamada tensión de Hubble (la discrepancia entre distintas mediciones de la constante de Hubble). Es importante que el mecanismo se active solo a bajos desplazamientos al rojo, sin alterar la imagen establecida del Universo temprano. El campo imita la energía oscura, y la interacción con la corriente bariónica a través del sector vectorial se comporta como polvo invisible. Para evitar contradicciones con las pruebas gravitacionales locales, se utiliza un apantallamiento «camaleónico»: los efectos se enmascaran en entornos densos, como un depredador nocturno que se mimetiza con el entorno durante el día.
En los años 1920, Edwin Hubble notó que las galaxias se alejan — así se descubrió la expansión del Universo. Décadas después, Adam Riess y sus colegas, midiendo la velocidad por explosiones de supernovas, encontraron que el Universo se expande más rápido de lo que predecían las mediciones con 'fotos de bebé' — el resplandor del Big Bang. A este desajuste se le llamó tensión de Hubble.
La nueva teoría lo explica con una metáfora de cocina. El Universo es como una masa con pasas. Por el calor residual del horno inicial, se podría calcular qué tan rápido se separarían las pasas. Pero se mueven más rápido — como si en la masa hubiera levadura que despertó con un retraso de miles de millones de años. Ese campo camaleón oculto es lo que proponen los científicos. También añade masa invisible — como una nube de harina que espesa la masa y evita que las galaxias se desmoronen.
Así, la energía oscura y la materia oscura resultan ser dos caras de una misma fuerza, y la curvatura del espacio-tiempo a grandes escalas deja de contradecir al Universo temprano.
🎯 Si el Universo se hubiera expandido más lento en el pasado, la gravedad lo habría comprimido de nuevo; más rápido, las galaxias no habrían tenido tiempo de nacer. Existimos en el filo de una navaja.