Un remolino en un río arrastra todo lo que encuentra a su alrededor. Si añades al agua una gelatina invisible que se espesa junto al embudo y desaparece de repente en su borde, tendrás una idea aproximada de cómo es un agujero negro en el nuevo modelo matemático. A su alrededor hay una nube densa de materia oscura que se corta bruscamente en el horizonte de sucesos (la frontera a partir de la cual nada puede regresar).
Los autores del trabajo partieron de la solución para un agujero con simetría esférica y la «hicieron girar» añadiendo rotación. Para ello usaron la función de masa, una especie de receta que indica cómo se distribuye la materia oscura alrededor del agujero. El resultado es una geometría en la que la densidad de materia crece formando un pico justo en el horizonte y luego cae de golpe a cero. Este corte no es casual: concuerda con las leyes físicas de conservación. Esto significa que la materia oscura no presiona por igual en todas direcciones, sino que se comporta como un material estratificado.
Este modelo no es solo un ejercicio matemático. Permite calcular cómo influye la materia oscura en la rotación del agujero negro y en las ondas gravitacionales que se generan cuando estos objetos colisionan. Si algún día los detectores captan una señal que difiera de las predicciones para un agujero «desnudo», será una prueba indirecta de que hay materia oscura a su alrededor. Mientras tanto, los científicos pueden usar la nueva métrica para simulaciones por ordenador y para poner a prueba teorías alternativas de la gravedad.
La materia oscura no emite ni absorbe luz, por lo que no se puede ver. Pero su gravedad curva los rayos de luz de estrellas lejanas, como una lente que no vemos pero notamos por la distorsión de la imagen que hay detrás.
En la novela «Hyperion» de Dan Simmons, las misteriosas Tumbas del Tiempo están rodeadas por un campo anti-entrópico que distorsiona el espacio y el tiempo: ¿no es eso como la materia oscura con sus rarezas cerca de un agujero negro?