Los astrofísicos estudiaron objetos hipotéticos cargados, llamados "astrones", con una masa de ~10^12 masas solares y una carga de 4×10^32 C. Una carga así no puede surgir por acreción, solo del universo temprano. Problemas: el plasma apantalla la carga y el campo resulta superextremo. En una cosmología homogénea no producen energía oscura, pero podrían ser semillas para la formación de galaxias tempranas, como semillas oscuras.
Inmediatamente después del Big Bang, en el espacio podrían haber flotado cúmulos con una masa de un billón de soles y una carga eléctrica de fuerza colosal, como billones de esferas electrificadas. Su repulsión mutua podría haber empujado a las galaxias, sustituyendo a la energía oscura y acelerando la expansión del universo. Sin embargo, los cálculos descartan esta idea.
El plasma intergaláctico, como una mano mojada, elimina instantáneamente su carga estática. Incluso si los astrones sobrevivieran, su repulsión al expandirse el universo disminuye mucho más rápido que la densidad de la materia ordinaria, y hoy sería imperceptible. Peor aún: con una carga tan enorme, el horizonte de sucesos desaparece, y el agujero negro se convierte en una «singularidad desnuda», donde la física pierde sentido. Las búsquedas mediante las líneas Lyman-alfa, iniciadas por Theodore Lyman, y las observaciones del James Webb no han dado confirmación. Ni siquiera como cúmulos de materia oscura los astrones salvan el modelo: la homogeneidad del universo no deja espacio para su acción. La energía oscura sigue resistiendo explicaciones simples.
🎯 A una distancia de un millón de años luz, la repulsión eléctrica entre dos astrones es comparable al peso del Monte Everest, suficiente para acelerarlos a una fracción notable de la velocidad de la luz.