El mundo cuántico se suele dibujar con puntos, pero los instrumentos reales solo ven manchas borrosas. Heisenberg y von Neumann sospecharon desde hace tiempo: la precisión es inalcanzable. La nueva teoría propone pensar en los estados como 'gotas cuánticas' — regiones de valores posibles, como una gota de agua bajo el microscopio con su frontera difusa.
Una conclusión inesperada: si renunciamos a la ilusión de precisión, las paradojas desaparecen por sí solas. El gato de Schrödinger nunca estuvo vivo y muerto a la vez — simplemente en la gota borrosa coexisten ambas opciones, y la 'conexión espeluznante' a distancia se reduce a una actualización ordinaria del conocimiento, no más rápida que la luz. La mecánica cuántica estándar resulta ser solo una aproximación — como si consideráramos una gota real como una esfera perfecta.
La información en la nueva teoría es simplemente el volumen de la gota. Cuanto más precisa es la medición, más pequeña es la gota, y el conocimiento crece — como si la niebla se condensara en una forma visible.