Los conjuntos de temporización de púlsares han captado indicios de un fondo de ondas gravitacionales de baja frecuencia. Para buscar ondas de fuentes concretas, normalmente se necesitan plantillas de su forma, lo que limita la búsqueda. Un nuevo método se libera de las plantillas: la señal se descompone en series de Fourier y una envolvente espectral flexible resalta las frecuencias clave. Esto permite determinar simultáneamente la ubicación de la fuente, sus características frecuenciales y el nivel del fondo, teniendo en cuenta también los ruidos propios de los púlsares. Ahora podemos escuchar incluso señales inesperadas en el universo, como un receptor de radio que capta una emisora desconocida.
Los astrónomos escuchan el cosmos como una vieja radio: giran la perilla no para buscar una estación, sino para escuchar cualquier ruido inusual. Este enfoque rompe moldes: en lugar de cazar ondas gravitacionales según patrones aprendidos, capturan todo lo que llega, sin sesgos.
Los púlsares son restos superdensos (estrellas de neutrones) que giran y emiten estrechos haces de radio hacia el espacio, como faros cósmicos. Cuando una onda gravitacional rueda a través del universo, ondula imperceptiblemente el propio tejido del espacio-tiempo (efecto predicho por Einstein), y el acompasado tictac del púlsar se desajusta.
Esto permite incluso detectar ondas inesperadas: la colisión de agujeros negros invisibles o el eco remanente desde el nacimiento del universo.
🎯 Algunos púlsares giran cientos de veces por segundo, y sus impulsos son más precisos que los de los mejores relojes atómicos.