Apenas 600 millones de años después del Big Bang, en la oscuridad cósmica ya brillan fuegos rojos. No son estrellas comunes ni galaxias: son agujeros negros supermasivos en crecimiento, envueltos en densos capullos de gas. Su resplandor ultravioleta, al abrirse paso a través de la espesa materia, adquiere el tono de un sol poniente. Comprender la naturaleza de estos «farolillos rojos» significa acercarse a la solución de uno de los mayores enigmas: cómo surgieron tan pronto en el universo los agujeros negros gigantes.
🎯 El nombre «pequeños puntos rojos» surgió espontáneamente: los astrónomos, al ver en las imágenes del JWST un montón de objetos muy rojos y compactos, los compararon con mariquitas perdidas en la hierba cósmica.
🎬 Estos puntos rojos son como faros de una novela de ciencia ficción: compactos, misteriosos y, posiblemente, controlando el destino de galaxias enteras. En ellos se vislumbra algo de los monolíticos negros de Arthur C. Clarke, solo que aquí en lugar de un negro frío hay un resplandor rojo ardiente.