El telescopio James Webb descubrió en el universo temprano un puñado de puntos rojos: son más pequeños que cualquier galaxia y brillan con un profundo carmesí. La descomposición de la luz (el método de espectroscopía) mostró en ellos hidrógeno (esas mismas líneas que estudió Balmer), carbono, helio y oxígeno, pero todo el resplandor se filtra hacia afuera, como a través de una gruesa tela oscura. Resultó que cada punto es un agujero negro supermasivo (objeto descrito por primera vez por Schwarzschild), envuelto en un caliente abrigo de gas. El abrigo amortigua la propia luz brillante del agujero, haciéndolo misteriosamente rojo. En el futuro, estos gigantes ocultos se convertirán en deslumbrantes cuásares, descubiertos en la época de Hubble, y por ahora los vemos bajo una manta de gas. El dato más sorprendente: la masa de estos «bebés» ya alcanza mil millones de soles, aunque la materia a su alrededor apenas comienza a acumularse.
🎯 El nombre «pequeños puntos rojos» lo inventaron los astrónomos al ver en las imágenes un puñado de manchitas escarlata. Alguien notó que se parecen a mariquitas en el cosmos infinito.
🎬 Estos objetos recuerdan a los misteriosos monolitos negros de «2001: Una odisea del espacio» — fuentes compactas de energía oculta, posiblemente controlando el crecimiento de sus galaxias.