Científicos estudiaron cómo se unen los fragmentos de moléculas en el espacio, como piezas de un juego de construcción. Resultó que al chocar pueden formar anillos de cinco átomos de carbono, un componente importante del hollín cósmico. ¿Quizás así es como nacen en las nubes frías las moléculas complejas a partir de las cuales se construye la vida?
El espacio interestelar está lleno de nubes de polvo cósmico y gas, diseminadas por toda la Galaxia. La temperatura aquí es de –263 °C, casi el cero absoluto. En este silencio helado, las moléculas apenas se mueven, pero las cargas eléctricas las obligan a combinarse. El proceso recuerda a los patrones de escarcha en el vidrio: del vapor invisible nacen flores de hielo. Así, de simples átomos de carbono y hidrógeno crecen estructuras anulares complejas.
Los científicos recrearon estas condiciones en el laboratorio: mezclaron fragmentos cargados de moléculas con sustancias neutras y los iluminaron. Se obtuvieron anillos de carbono resistentes, incluido el acenaftileno, que fue detectado recientemente en una nube por el telescopio James Webb. Normalmente estas sustancias se forman en llamas, pero el frío cósmico lo logra sin fuego. Procesos similares ocurren en las nubes interestelares, donde las partículas están cubiertas por una costra helada de agua congelada.
Como un patrón de escarcha en el vidrio, el frío cósmico entrelaza átomos simples en anillos complejos: posibles escalones hacia la vida. Ya en el siglo XIX, Joseph von Fraunhofer sentó las bases de la espectroscopia, método que hoy lee la composición química de lejanas nebulosas a partir del color de la luz.
🎯 El acenafteno, similar al obtenido en el laboratorio, se extraía antiguamente del alquitrán de hulla y se usaba para teñir telas.
🎬 Fred Hoyle, en su novela 'La nube negra', imaginó una nube interestelar como un ser inteligente. La ciencia confirma que tales nubes están saturadas de materia orgánica compleja, aunque sin rastros de pensamiento.