Roca desnuda que se enfría en segundos tras el ocaso: así se ve un planeta al que la estrella herrera le arrancó la atmósfera. El telescopio James Webb midió el calor de GJ 3929 b: no hay envoltura densa, solo el eco de un hemisferio diurno ardiente. Un desierto sin refugio para la vida. Pero la variabilidad de la señal sugiere: tal vez aún tiembla un gas enrarecido. Estos mundos son postes fronterizos en la línea costera cósmica. Señalarán dónde en la Galaxia vale la pena buscar biomarcadores.
🎯 El lado diurno de GJ 3929 b está calentado a 640 kelvin, aproximadamente la temperatura de fusión del estaño, y su período orbital es de solo 2,6 días terrestres: un año allí pasa más rápido que una semana en la Tierra.