Los científicos estudiaron el planeta rocoso GJ 3929 b, del tamaño de la Tierra, alrededor de una enana roja. Con el telescopio James Webb comprobaron si tiene atmósfera midiendo el calor del lado diurno. Por ahora no hay datos suficientes para afirmarlo con certeza, pero es posible que tenga una atmósfera delgada. Imagina que el planeta es una piedra al sol: si no está demasiado caliente, ¿quizás la cubre una manta invisible?
Una roca desnuda bajo un sol abrasador: así se ve el exoplaneta GJ 3929 b. Su año dura solo 2,6 días y siempre muestra la misma cara a su estrella. Descubierto mediante el método de tránsito (detectando la sombra al pasar frente a la estrella), perfeccionado por William Borucki, este planeta alcanza los 370 °C durante el día, suficiente para fundir plomo. La cercana estrella enana le lanza un huracán de radiación que arranca su atmósfera como un chorro de arena cósmico.
Para comprobar si quedaba algún manto gaseoso, los científicos apuntaron el telescopio JWST y midieron el calor del planeta justo cuando se ocultaba tras la estrella. La fotometría (medición precisa de la luz) mostró que no hay una envoltura densa de dióxido de carbono como la de Venus. El ligero hidrógeno escapó hace mucho, pero una atmósfera tenue, casi fantasmal, podría haberse escondido de los detectores.
Sin embargo, sin una gruesa manta, el lado nocturno probablemente está sumido en una oscuridad helada. Este mundo está partido en dos: fuego eterno y frío eterno. Para ver si hay algo más, se necesitará espectroscopía, la descomposición de la luz en colores, que revela la composición química.
🎯 La temperatura del lado diurno alcanza los 370 °C, suficiente para fundir plomo.