Dos cuerdas de guitarra tensadas en el mismo mástil. Son casi idénticas, pero una es un poco más corta, y suenan distinto. Así son aproximadamente los dos isómeros de la etanimina: moléculas con el mismo conjunto de átomos, pero orientadas de manera diferente en el espacio. Los astrónomos han detectado esta molécula en densas nubes cerca del centro de nuestra Galaxia. La etanimina resulta interesante porque pertenece a las "prebióticas", esos ladrillos con los que quizá se dieron los primeros pasos hacia la vida.
En el gas frío, las moléculas chocan constantemente con sus vecinas, sobre todo con átomos de helio y moléculas de hidrógeno. Cada empujón hace que la molécula gire más rápido o más lento. Normalmente, tras muchas colisiones, la rotación alcanza el equilibrio: las "peonzas" rápidas y lentas se distribuyen según una ley estricta, como la arena que se asienta después de sacudirla. Pero las observaciones muestran que la etanimina se comporta de otro modo: sus estados rotacionales quedan congelados en un patrón de desequilibrio. Esto significa que las colisiones y la emisión de energía hacia el espacio tiran de la manta en direcciones opuestas, y ninguna gana.
Para entenderlo, los autores construyeron un mapa detallado de cómo interactúa un átomo de helio con cada uno de los dos isómeros. Obtuvieron así las "superficies de energía potencial", que en esencia son el relieve de las fuerzas que actúan entre las partículas cuando se acercan. Luego, sobre ese mapa, simularon tres escenarios de colisión: el completamente cuántico (el más preciso, pero pesado), el cuántico simplificado y el mixto cuántico-clásico. Resultó que, al recibir el impacto, la molécula prefiere cambiar su rotación de una manera muy concreta: o bien "rueda" alrededor de un eje sin alterar la velocidad en el otro, o bien lo contrario. Es como una peonza que, al recibir un golpecito, cambia de inclinación pero conserva la velocidad de giro.
Lo más práctico de los hallazgos es que el método mixto cuántico-clásico funciona bastante bien a altas energías de colisión. Es como pasar del grabado a mano a la litografía: más rápido, más barato y casi sin pérdida de detalle. Ahora, al introducir las probabilidades de transición calculadas en los modelos de transferencia radiativa, los astrónomos podrán leer con más precisión la composición química de nubes lejanas, esas donde quizá, a partir de la etanimina y sus vecinas, se formaron las primeras cadenas orgánicas.
La etanimina tiene solo 8 átomos (dos de carbono, cinco de hidrógeno y uno de nitrógeno), pero sus dos isómeros se diferencian como un guante izquierdo y uno derecho, y el espacio "ve" esa diferencia.
En la novela de Carl Sagan "Contacto", la señal extraterrestre contenía los planos de una máquina, pero para construirla había que entender la química del medio interestelar, justo la que estos cálculos de colisiones ayudan a precisar.