Buscar el material perfecto para las baterías es como crear una receta impecable. Los científicos ya no prueban miles de ingredientes a ciegas: ese trabajo lo asume un laboratorio autodidacta. La inteligencia artificial propone nuevas combinaciones, un robot las sintetiza y las prueba de inmediato.
Primero, una simulación por ordenador descarta las opciones claramente fallidas. Las muestras supervivientes se prueban: mediante espectroscopia —un método basado en ondas electromagnéticas— se mide con qué facilidad las partículas cargadas (iones) se deslizan por la red cristalina, como si se evaluara la fluidez de una salsa. La regla de Boltzmann nos dice: cuanto más alta es la temperatura, más ágiles son los saltos a través de las barreras de energía. Las leyes cuánticas de Schrödinger gobiernan esta danza microscópica.
Los intentos fallidos no se descartan.
A veces, un súbito desorden en la disposición de los átomos, como una pizca de especias caóticas, mejora el resultado inesperadamente. El tratamiento con plasma ayuda a que los átomos de hidrógeno se acomoden más apretados. La gran sorpresa: la IA encuentra recetas que un humano jamás habría imaginado, y resultan más eficaces que las probadas durante décadas.
Repasar todas las opciones a mano llevaría más tiempo que la edad del Universo. La IA lo logra en un par de meses.