Una regla flexible, apoyada en varios puntos sobre una mesa, forma una curva suave. Al desplazar un tramo, se oye un chirrido: la regla se resiste a la deformación. Squealer funciona de manera similar: el usuario arrastra la curva en el gráfico y el programa convierte la resistencia del modelo en sonido, tanto más fuerte cuanto más rígidamente se niega el modelo a aceptar nuevos datos. En cosmología, esto reveló una rigidez inesperada de los modelos. Las imágenes satelitales de la radiación de fondo de microondas (el eco del Big Bang) deben coincidir con la curva que describe la expansión del universo bajo la influencia de la materia oscura y la energía oscura.
Otras regiones respondían con un ruido suave, permitiendo cierta flexibilidad. El método, que combina aprendizaje automático y simulación numérica, revela tensiones invisibles a simple vista. Un hallazgo sorprendente: la más estridente cacofonía surge donde el modelo entra en conflicto con las leyes de Edwin Hubble y Georges Lemaître, así como con la teoría de la inflación de Alan Guth, como si los datos "gritaran" sobre nuevos fenómenos más allá de la física conocida.
En la versión de prueba, la curva perfecta resonaba como un diapasón, pero el más mínimo desplazamiento generaba un chirrido; así fue como los creadores entendieron que estaban oyendo el «dolor» del modelo. Cuanto más lejos está un punto de la predicción, más alto es el tono del ruido, por lo que los usuarios experimentados pueden estimar la magnitud del error por el tono sin mirar la pantalla.