Las enanas blancas, los restos silenciosos de estrellas que se apagan lentamente, a veces nacen con una pequeña patada — solo 0,75 km/s. Eso basta para sumir un sistema multiplanetario en el caos. Como las ondas en el agua al lanzar una piedra, la inestabilidad se expande: hasta la mitad de los sistemas pierden sus mundos, lanzándolos al espacio interestelar. Aún templados tras bañarse en los rayos de la estrella moribunda, estos planetas se convierten en faros térmicos, presa ideal para futuros telescopios como Roman.
🎯 Si el Sol se convirtiera en una enana blanca ahora mismo, Júpiter se calentaría hasta 700 K — más caliente que la superficie de Venus— y permanecería templado durante más tiempo del que existe la civilización humana.