La polarización de la luz de las estrellas binarias oscila al compás del movimiento orbital, como un metrónomo cósmico. Pero si a través de ese metrónomo pasa un campo invisible de axiones, de materia oscura, la aguja vibrará imperceptiblemente, creando un acompañamiento inaudible. Captar ese susurro sería tocar por primera vez la sustancia que, tal vez, compone un cuarto del universo. Y para ello no hace falta construir gigantescos aceleradores: basta con observar el baile de la luz.
🎯 El grado de polarización de la estrella Espiga es de apenas 0.02%, lo que equivale a observar una vela a través de un vidrio esmerilado a un kilómetro de distancia.
🎬 El uso de luz polarizada para detectar campos esquivos recuerda remotamente a los intentos de los personajes de la novela «Solaris» de Stanisław Lem para descifrar las señales de un océano inteligente. Sólo que en nuestro caso el «océano» es la materia oscura, y las «señales» son oscilaciones microscópicas del ángulo de polarización.