En este trabajo se presentan imágenes del disco central de la galaxia Centauro A obtenidas con la cámara MIRI del telescopio James Webb en tres filtros (F560W, F770W, F1130W) con una resolución de ~4×2 kpc. La estructura previamente conocida como la «cáscara ovalada de polvo» se resuelve en múltiples filamentos en forma de bucles, brillantes en F1130W y asociados con el disco deformado. Los diagramas fotométricos color-magnitud y color-color identificaron 928 fuentes puntuales rojas con exceso infrarrojo (~36% de objetos con fotometría de calidad), concentradas espacialmente en el disco. Sus pendientes espectrales en el infrarrojo medio indican emisión de polvo cálido; los colores y la distribución corresponden a una población de objetos estelares jóvenes (YSOs) sumergidos, testigos de formación estelar reciente (10⁵–10⁶ años). La correlación geométrica con el disco y la falta de conexión con el radio chorro muestran que la formación estelar en las regiones centrales de Centauro A está regulada por gas acretado durante la fusión, sin signos de interacción entre el chorro del núcleo galáctico activo y el medio interestelar.
Centauro A, situada a 3,8 Mpc, es un laboratorio único para estudiar la interacción entre un núcleo activo y el medio interestelar. Esta gigantesca galaxia elíptica alberga un núcleo activo alimentado por un agujero negro supermasivo y un extenso disco de polvo, formado tras fusionarse con una galaxia de disco rica en gas hace unos 2 mil millones de años. Como ya mostró Edwin Hubble, las galaxias elípticas suelen ser pobres en gas y no forman estrellas, pero Cen A desafía esta clasificación. Comprender qué impulsa la formación estelar en estos sistemas —los flujos de gas a gran escala durante las fusiones o la compresión local del medio por los chorros del núcleo activo— sigue siendo un desafío clave de la astrofísica extragaláctica.
Las observaciones se realizaron con la cámara MIRI a bordo del telescopio espacial James Webb en los filtros F560W, F770W y F1130W, que cubren longitudes de onda de 5,6 a 11,3 µm. El mosaico, con un área total de ~6,9 minutos de arco cuadrados, cubrió la región central de aproximadamente 4×2 kpc. Para la detección de fuentes y la fotometría se utilizó el paquete starbugii, optimizado para trabajar en condiciones de fondo difuso complejo. Para identificar estrellas con envolturas de polvo se aplicaron criterios de color estrictos: las fuentes se consideraban “rojas” si F560W–F770W > 1,4 magnitudes y F560W–F1130W > 1,8 magnitudes.
El catálogo final incluyó 58.445 fuentes, de las cuales 2.558 tienen errores fotométricos inferiores a 0,1 magnitudes en los tres filtros. Entre estos objetos de alta calidad, 928 (36%) muestran un fuerte exceso infrarrojo y forman una secuencia separada en los diagramas de color. Sus distribuciones espectrales de energía crecen pronunciadamente hacia longitudes de onda largas: la pendiente mediana α = 3,55 entre 5,6 y 11,3 µm, típica de la emisión de polvo caliente a temperaturas de cientos de kelvin. Espacialmente, estas fuentes delinean claramente el disco de polvo deformado, concentrándose en sus estructuras filamentarias: la dispersión perpendicular al disco es de solo 0,38 kpc, frente a 0,63 kpc para las estrellas normales. En las imágenes se aprecian envolturas de polvo con forma de bucle, más brillantes en el filtro F1130W, que captura la emisión de hidrocarburos aromáticos policíclicos, que contienen carbono e hidrógeno. A diferencia del halo exterior de Cen A, donde las estrellas jóvenes están asociadas con el chorro de radio, en el disco central no se encontró correlación con el chorro.
Los resultados obtenidos indican que la formación estelar en la región central de Cen A se alimenta del gas introducido durante la fusión y depende poco de la retroalimentación del núcleo activo. Esto contrasta con las regiones exteriores de la galaxia, donde el chorro sí estimula el nacimiento de estrellas. Así, en un mismo sistema pueden coexistir diferentes mecanismos de activación de la formación estelar, determinados por las condiciones locales. Además, el hallazgo de una población de objetos jóvenes inmersos confirma que incluso en presencia de un potente núcleo activo, los discos polvorientos pueden conservar la capacidad de formar estrellas, lo cual es importante para entender la evolución de galaxias rodeadas de halos oscuros de materia oscura fría, como señaló Vera Rubin. Con el tiempo, las estrellas masivas en el disco explotarán como supernovas, enriqueciendo el medio interestelar con elementos pesados.
El progreso futuro vendrá de la incorporación de espectroscopía, en particular con el modo MIRI/MRS del James Webb, que permitirá estudiar en detalle las condiciones físicas del gas y el polvo. Se espera que futuras observaciones en el infrarrojo cercano, por ejemplo con el telescopio Nancy Grace Roman, ayuden a estimar las masas y edades de estos objetos, mientras que la interferometría en el rango milimétrico (ALMA) cartografiará el gas molecular frío que alimenta la formación estelar. Estos datos permitirán construir una imagen completa del ciclo de vida de las estrellas en las condiciones extremas de los núcleos activos y, posiblemente, explicar por qué en algunas galaxias la espectroscopía revela anomalías químicas inesperadas.
Los resultados afectarán a varias áreas: evolución de galaxias, física de núcleos activos, química del medio interestelar y teoría de retroalimentación. También son importantes para interpretar las observaciones de galaxias lejanas, donde estos procesos pueden quedar ocultos por la falta de resolución.
Los próximos pasos incluyen la obtención de espectros de alta resolución para una muestra de fuentes “rojas”, con el fin de confirmar su naturaleza y medir las tasas de acreción. Paralelamente, es necesario realizar simulaciones numéricas de la interacción entre el chorro y el disco a escalas de pársecs a kilopársecs.
El trabajo aborda directamente el problema de la regulación de la formación estelar en galaxias activas: ¿en qué medida el núcleo activo puede suprimir o, por el contrario, estimular la formación de estrellas a escala galáctica? Los datos obtenidos confirman que, a escalas de unos pocos kilopársecs, el principal motor es la inestabilidad gravitacional del gas, no la energía del chorro.
🎯 Centauro A es la radiogalaxia más cercana (a solo 3,8 megapársecs), y su chorro se extiende a lo largo de cientos de kilopársecs, lo que la convierte en una de las fuentes de radio extragalácticas más impresionantes del cielo. Por cierto, si nuestros ojos fueran sensibles al rango de radio, ¡Centauro A ocuparía en el cielo un área comparable a la de la Luna llena!