Con el telescopio James Webb, los científicos han observado el centro de la galaxia Centauro A. Allí, en un disco distorsionado de polvo, se encontraron cientos de estrellas jóvenes, como en un criadero cósmico. Estas estrellas nacieron del gas traído por la colisión de galaxias, no por la actividad del agujero negro central. ¿Será que los agujeros negros no siempre impiden el nacimiento de estrellas?
Edwin Hubble alguna vez clasificó las galaxias en tipos y creyó que las elípticas no forman estrellas. Pero Centauro A, con su enorme agujero negro central y un denso disco de polvo, rompe esa regla. Gracias al James Webb, los astrónomos pudieron por primera vez mirar dentro del corazón de este velo. Es como cuando una cámara térmica permite ver a una persona que se calienta a través de una espesa niebla: el polvo dispersa la luz visible, pero los rayos infrarrojos pasan casi sin obstáculos.
Dentro del disco, la cámara detectó 928 fuentes rojizas: son estrellas jóvenes aún envueltas en polvo cálido. Se agrupan a lo largo del disco curvado, pero no están conectadas con el jet del agujero negro; así que su nacimiento se alimenta del gas traído por una antigua fusión de galaxias. El polvo aquí es rico en compuestos de carbono y hidrógeno, que brillan en el rango infrarrojo. Como mostró Vera Rubin, las galaxias están inmersas en nubes de materia oscura invisible, y es en esos halos fríos donde se acumula el gas para las futuras estrellas. La composición química exacta de esta cuna aún se debe estudiar con espectroscopía, una técnica que descompone la luz en colores.
🎯 Centauro A es la radiogalaxia más cercana a nosotros, y su jet en radio se extiende por cientos de miles de años luz, ocupando en el cielo un área del tamaño de la Luna llena.