Las perovskitas híbridas son un material prometedor para las células solares, pero se degradan fácilmente con la humedad. Para proteger su superficie, se aplican moléculas especiales, como parches en una tela agujereada. Un solo parche queda liso y no deja pasar el agua. Pero si coses muchos parches uno sobre otro, se abultan, se forman grietas y la protección deja de funcionar. Los científicos encontraron un efecto similar en las células solares: cuando hay un exceso de moléculas protectoras, empiezan a interferir entre sí, alterando la estructura del cristal y reduciendo la estabilidad.
Para entender los detalles, el aprendizaje automático fue de gran ayuda. Investigadores de Oxford crearon un programa que predice el comportamiento de los átomos. Lo entrenaron con una multitud de ejemplos y luego lo ajustaron con precisión para las moléculas protectoras específicas, que contienen silicio, carbono, oxígeno e hidrógeno. La simulación numérica mostró que cuando hay demasiadas moléculas, cambian de posición y deforman los átomos circundantes. Así surge la paradoja: una protección adicional resulta perjudicial.
Para calcular el comportamiento de una sola molécula, fue necesario modelar más de tres mil átomos, un nanocristal entero visible solo con un microscopio electrónico. Este conocimiento permitirá ajustar con mayor precisión la composición de los recubrimientos protectores sin largos experimentos.
El nombre «perovskita» se debe al mineralogista ruso Lev Perovski. Las perovskitas híbridas modernas pueden incluir hasta seis elementos diferentes, lo que permite ajustar sus propiedades con gran precisión.