En los apretados cúmulos estelares se desarrolla una invisible labor de fragua: las estrellas chocan, se fusionan, y su danza imprime a los futuros agujeros negros velocidades de giro frenéticas. Una sola fusión, y un agujero sin rostro adquiere un espín capaz de expulsarlo del cúmulo. Justamente este tipo de objetos son los que captan los detectores de ondas gravitacionales. Quizás sea esta la clave del enigma de las largas explosiones de rayos gamma.
🎯 En el escenario estándar, las estrellas masivas aisladas pierden casi todo su momento angular y dan origen a agujeros negros con un espín insignificante. Sin embargo, una sola fusión cercana en un cúmulo denso puede acelerar el futuro agujero negro casi hasta el límite. Es notable que incluso un pequeño aumento en la proporción de sistemas binarios entre las estrellas masivas eleva en un orden de magnitud la cantidad de estos objetos de rápida rotación.
🎬 Estos agujeros negros recuerdan a Gargantúa de ‘Interestelar’: su vertiginosa rotación se establece ya en el momento del nacimiento.