Los electrones en una capa fina son como una bandada de pájaros: cada uno evita a sus vecinos debido a la repulsión eléctrica, pero juntos crean ondas: un plasma electrónico (gas cargado). Su comportamiento colectivo se describe mediante una función de onda, un guion matemático de todas las posiciones posibles a la vez, incluida la superposición cuántica. Normalmente estos cálculos son engorrosos, pero los científicos entrenaron una red neuronal para encontrar patrones por sí sola. Procesó las coordenadas de hasta 169 electrones y dio un resultado más preciso que los métodos computacionales tradicionales.
Al estudiar las características medibles, los investigadores notaron una caída inesperada en la energía de las oscilaciones: el mínimo rotónico. El mismo efecto fue descrito por Richard Feynman en el helio superfluido, y señala la pronta solidificación del líquido en un cristal. Resulta que los electrones, como pájaros listos para posarse en un orden estricto, envían de antemano una señal de cristalización. El entrelazamiento cuántico los une en un solo organismo.
Este avance convierte a la inteligencia artificial en un microscopio universal para la materia cuántica. En perspectiva, el diseño de superconductores a temperatura ambiente y la resolución de estados exóticos.
El mínimo rotónico es como el último círculo que trazan las aves en el aire antes de aterrizar. Este efecto, descubierto por Feynman en el helio, en los electrones significa que pronto se ordenarán en un cristal.