Los detectores de ondas gravitacionales son como micrófonos sensibles que escuchan el susurro de catástrofes lejanas. Pero de vez en cuando irrumpe un chasquido agudo —una interferencia breve llamada glitch—. Ese chasquido puede parecerse a una señal real de fusión de agujeros negros, y entonces los astrónomos corren el riesgo de confundir el ruido con un descubrimiento.
La nueva herramienta bilby_glitch funciona como un ingeniero de sonido que escucha a la vez la música y los clics en la grabación. No intenta adivinar dónde está la señal y dónde el glitch; directamente construye un modelo de ambos. Se basa en el popular programa bilby, al que se añadieron tres modelos de interferencias: dispersión lenta (como un eco de una pared), un pulso seno-gaussiano y un chirplet —una señal corta con frecuencia variable, parecida al silbido de un cohete que cae—.
El método se probó en dos eventos reales. Para GW191109, el resultado coincidió con análisis anteriores —un caso tranquilo—. Pero GW200129 resultó caprichoso. Cuando el glitch se modeló con wavelets (breves ráfagas ondulatorias) y la señal con la aproximación IMRPhenomXPHM, la rotación del agujero negro parecía clara. Pero si para la señal se usaba la aproximación más precisa NRSur7dq4, la evidencia de rotación casi desaparecía. Conclusión: nuestras ideas sobre cómo gira un agujero negro pueden depender de cómo limpiamos el sonido.
Así, los astrónomos no solo obtienen una herramienta, sino un recordatorio: en el silencio del cosmos, incluso una interferencia diminuta puede cambiar la historia.
A los glitches en los detectores LIGO a veces se les llama «ballenas» o «cuervos»: cada tipo tiene su nombre onomatopéyico basado en la forma de la señal.