Los ecosistemas no son un caos, sino una danza compleja en la que cada especie ejecuta su parte. Los científicos modelaron esta danza: dos presas compiten por carbono y agua (los bloques de construcción celular), y un depredador devora a ambas. Se revelaron 16 escenarios: desde la extinción del depredador hasta un ritmo estable de las tres especies. El giro más inesperado: el depredador no destruye, sino que salva al débil al devorar a su rival fuerte. Con un cambio gradual en la comida, la danza cambia repentinamente de ritmo: las poblaciones oscilan como un péndulo.
Esta coreografía explica la diversidad de la naturaleza. La entropía (medida del desorden) retrocede mientras el depredador dirige.
Los ecosistemas reales a menudo dependen de depredadores 'clave': por ejemplo, las estrellas de mar se comen a los mejillones y evitan que ocupen todo el espacio, liberando lugar para otros habitantes.