En el centro de casi todas las galaxias se esconde un agujero negro supermasivo. Su gravedad es tan intensa que modifica el propio espacio. Pero pocos se preguntan: ¿qué hace con el tejido mismo de la realidad, con los campos que impregnan el cosmos?
Uno de esos campos es el campo de Higgs. En condiciones normales actúa como un almíbar espeso: cuanto más se "empapa" una partícula en él, mayor es su masa. Sin él, los electrones serían sin masa y saldrían disparados a la velocidad de la luz, y los átomos simplemente no se formarían. El nuevo trabajo muestra que dentro de un agujero negro ese almíbar se vuelve cada vez más líquido. La causa es la monstruosa curvatura del espacio, que se mide mediante una magnitud matemática: el escalar de Kretschmann. El autor introduce una interacción entre el campo de Higgs y esa curvatura y descubre que cuanto más cerca del centro del agujero, más débil es la influencia del campo. En un cierto radio crítico (para un agujero negro estelar típico, aproximadamente una cienmilésima del tamaño de un núcleo atómico), el campo de Higgs se "apaga" por completo. La simetría electrodébil se restaura y las partículas dejan de sentir su masa habitual.
Ese punto crítico se encuentra muy por debajo del horizonte de sucesos, pero aún lejos de la escala de Planck, donde se cree que el espacio-tiempo se convierte en espuma cuántica. Por tanto, allí todavía se puede usar la física ordinaria. Resulta una especie de "bolsillo" dentro del agujero negro donde las leyes habituales del microcosmos quedan temporalmente suspendidas, pero la teoría misma sigue siendo operativa.
Si el campo de Higgs desapareciera de repente en todo el universo, los electrones quedarían sin masa y el tamaño de los átomos aumentaría hasta el infinito: el mundo se evaporaría al instante.
En la novela "Luz de ficción" de Peter Watts, unas criaturas extraterrestres utilizan campos similares al de Higgs para controlar su propia biología y el espacio que las rodea.