Alrededor de una estrella recién encendida gira un remolino de polvo y gas. Ese remolino — el disco protoplanetario — crece absorbiendo materia de la nube circundante. Pero, ¿cómo cae exactamente esa materia: fluye uniformemente por los 'bordes' o irrumpe en chorros densos separados?
Los astrofísicos estudiaron nueve sistemas estelares mediante simulaciones tridimensionales en una supercomputadora. Resolvieron detalles de apenas 0.8 unidades astronómicas (un poco menos que la distancia de la Tierra al Sol). Descubrieron que en las etapas tempranas — los primeros 50 mil años — al disco no dejan de chocarle densos streamers de gas. Cada uno de esos 'arroyos' entrega en 10 mil años una masa comparable a todo el flujo de fondo. Al impactar, el disco se comprime: su tamaño se reduce a la mitad y su masa cae un 40%. Es como un carrusel que gira tranquilamente y al que alguien le lanza sacos pesados: por un instante se frena y se aplasta.
Más tarde, cuando las reservas principales de la nube se agotan, el panorama cambia. El disco entra en una fase más tranquila: la materia llega principalmente a través del plano central y las capas externas. En ese momento, en el disco se forma un campo magnético toroidal — se enrolla en un anillo, y su dirección se invierte al cruzar las superficies superior e inferior del disco. Esa estructura ayuda a alimentar el disco y a mezclar la materia. La renovación completa de la masa del disco ocurre en esos mismos 10 mil años — como si una cinta transportadora gigante reemplazara continuamente todo su contenido.
Estos resultados revelan algo importante: en los albores de su vida, los discos protoplanetarios son un lugar demasiado turbulento para la formación de planetas. Los impactos constantes de los streamers, la fuerte turbulencia y la rápida renovación de la materia impiden que los granos de polvo se aglomeren tranquilamente en cuerpos más grandes. Los planetas tienen que esperar a que la estrella madure un poco y su entorno se calme.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2608.02204v1
Protoplanetary discs evolve around newly-formed stars through an interplay of infall from surrounding turbulent cloud material, accretion towards the young star, and outflow driven mass-loss. It has been challenging to determine if discs are fed predominantly through infall along the disc midplane, or along the poles, and if accretion occurs in a steady or burst-like fashion. Here, we present a suite of 3D ideal magnetohydrodynamical simulations of protoplanetary disc formation and evolution in a dynamic, large-scale molecular cloud environment using the adaptive mesh refinement framework DISPATCH. We focus on nine stellar systems, where we resolve discs down to a scale of 0.8 au. Across the sample, stellar accretion proceeds at rates of $$\sim$$10$$^{-5}$$ M$$_\odot$$ yr$$^{-1}$$ over 10$$^{5}$$ yr, with significant variability. Discs grow to 100 au scales and remain gravitationally stable in time, with disc-to-star mass ratios below 10 %. Transient high-density streamers, with 10 kyr infall times, can drive anisotropic mass delivery at rates comparable to the background accretion flow. Their interaction with discs typically results in a temporary reduction of the disc size by half, and disc mass by 40 %. During later quiescent disc evolution stages ($$t\gtrsim$$50 kyr), accretion predominantly occurs through the midplane and disc surface layers. This is associated with the development of a toroidal magnetic field morphology, which includes field reversals across both disc surfaces. In this way, the full disc mass reservoir is replenished on 10 kyr-timescales. These findings support that the outer parts of very young discs, when well-ionised and close to the ideal MHD regime, are not yet conducive to planet formation, due to high replenishment rates, strong turbulence, and disruptive streamer infall events.
En 10 mil años — un abrir y cerrar de ojos en escalas cósmicas — el disco puede renovar por completo su materia, como si lo sacudieran y lo llenaran de nuevo.