Un agujero negro en rotación no es un remolino tranquilo. El espacio a su alrededor tiembla y vibra ante la menor perturbación, como la cuerda de una guitarra después de un pellizco. Estas oscilaciones se describen mediante la ecuación de Teukolsky, una construcción matemática compleja que los físicos estudian desde hace medio siglo.
Recientemente, se ha observado una simetría extraña en esta ecuación. Si se "reordenan" de cierta manera los números que representan la masa de las partículas, la ecuación se transforma en una ecuación de ondas en otro espacio-tiempo, el "dual". Los autores del trabajo han demostrado que esta simetría no es un truco casual, sino una consecuencia de una profunda conexión con la clásica ecuación de Painlevé VI. Detrás de ella se encuentra la teoría de las deformaciones isomonodrómicas, una rama elegante de las matemáticas que explica por qué problemas aparentemente distintos resultan ser parientes.
Los investigadores han descubierto a dónde conduce esta simetría. El espacio-tiempo dual no es una abstracción, sino de nuevo un agujero negro. Solo que con otros parámetros. Esta perspectiva geométrica ha permitido demostrar de una manera nueva un resultado antiguo: parte de las oscilaciones se amortiguan, el agujero es estable, al menos parcialmente.
Así, un agujero negro se refleja en otro, como en un espejo. Y este espejo ayuda a comprender cuán resistente es el propio tejido del espacio.
La ecuación de Teukolsky, que describe el agujero negro, permaneció casi cincuenta años sin una solución exacta; solo se resuelve con ordenadores.