Cuando un núcleo atómico pesado se parte en dos fragmentos, entre ellos queda un hilo cuántico invisible. Ese hilo es el entrelazamiento: el estado de un fragmento está ligado instantáneamente al del otro, como si aún fueran una sola cosa. Por primera vez, los físicos han calculado con precisión cuán largo y resistente puede ser ese hilo, siguiendo la fisión del núcleo paso a paso.
Los cálculos abarcaron siete vías distintas de fisión. El resultado: la fuerza de la conexión cuántica no depende de cómo se rompa el núcleo —si se estira, se aplasta o forma un cuello en el medio—. En cambio, está estrechamente ligada a lo "revueltos" que estén los números de partículas en los fragmentos. Y la gran sorpresa: si un fragmento es un núcleo "mágico", el entrelazamiento cae en picado. Se llaman mágicos a los núcleos con capas de protones y neutrones completamente llenas; son especialmente estables, como un rompecabezas armado sin huecos.
Así nace el "efecto anti-entrelazamiento": cuanto más estable es el fragmento, menos se entrelaza con su vecino. Esto da un vuelco a la visión habitual de la fisión nuclear: ahora se puede estudiar no solo por la forma de los fragmentos, sino también por las conexiones invisibles entre ellos.
El núcleo mágico de estaño-132 es el fragmento de fisión más estable: sus capas están llenas tanto de protones como de neutrones, por lo que su entrelazamiento con la pareja es especialmente débil.