Se puede hacer que la luz gire a voluntad, como el agua en una manguera, si se sabe dónde presionar. Eso es exactamente lo que hacen los circuitos electroópticos: cambian la dirección del haz dentro del chip mediante un campo eléctrico. El material clásico para tales trucos es el niobato de litio, un cristal que responde al voltaje como una cuerda al pellizco. Pero hasta ahora había que cortarlo en películas finísimas y pegarlo a otras obleas: caro y delicado.
El nuevo trabajo evita todo ese engorro. Los investigadores cultivaron una capa de carburo de silicio amorfo directamente sobre un trozo grueso de niobato de litio, sin películas, pegados ni grabado del propio cristal. El resultado es una plataforma monolítica: la luz viaja por el carburo de silicio y la controla el niobato que está debajo. Este sándwich es compatible con las fábricas de microelectrónica convencionales donde se hacen procesadores, lo que significa que se puede producir en masa y a bajo costo.
La eficiencia récord de 2,87 voltios-centímetro significa que para conmutar el haz basta una pila, no una fuente voluminosa. El circuito en sí ocupa menos de un milímetro cuadrado. Estos chips podrían conectar servidores en centros de datos, transmitiendo datos con luz en lugar de electricidad: más rápido y sin sobrecalentamiento.
Hubo un tiempo en que los chips ópticos parecían un juguete caro de laboratorio. Ahora la luz aprende a correr por pistas cristalinas baratas, como la electricidad por cables de cobre, pero más rápido.
El niobato de litio se usa en punteros láser y moduladores de redes de telecomunicaciones: cambia sus propiedades ópticas bajo voltaje en picosegundos, más rápido de lo que tarda un parpadeo.