Un superconductor es un material que conduce electricidad sin pérdidas, pero solo por debajo de cierta temperatura, llamada temperatura crítica. Cuanto más alta es esa temperatura, más fácil es usar el superconductor en la tecnología. Durante décadas, los científicos buscaron materiales con alta temperatura crítica, pero a menudo actuaban a ciegas, como buscadores de tesoros sin mapa.
En este trabajo, el mapa se dibujó de una manera nueva. Se tomaron miles de superconductores ya conocidos, se describió cada uno con muchos números y se observó cómo se agrupaban. Resultó que tres familias distintas (los cupratos, los pnicturos de hierro y los niquelatos) se amontonan en un mismo grupo. Es como si tres expediciones que buscaban tesoros en lugares diferentes hubieran llegado, de manera independiente, a la misma bahía.
Ahora se puede comprobar si cualquier material nuevo cae en esa bahía y estimar su temperatura crítica. Los autores ya han encontrado varios candidatos que vale la pena intentar sintetizar en el laboratorio. El mapa no explica por qué surge la superconductividad, pero brinda una brújula para la búsqueda.
Las reglas de Matthias, formuladas en la década de 1950, afirmaban que los buenos superconductores tienen en promedio 5 o 7 electrones de valencia por átomo. El nuevo análisis encuentra un óptimo en el rango de 7 a 8, sorprendentemente cercano a la vieja regla empírica, pero ahora respaldado por el aprendizaje automático en miles de compuestos.
En la novela de Arthur C. Clarke 'El fin de la infancia', los superconductores a temperatura ambiente transforman la energía y el transporte de toda una civilización. La búsqueda de tales materiales en la realidad a menudo se realiza a ciegas; este trabajo ofrece una brújula que podría acercar la ciencia ficción al laboratorio.