Científicos investigaron cómo las propiedades cuánticas de un cúbit superconductor cambian con el tiempo y descubrieron una cadena de efectos interconectados, desde la violación de la realidad habitual hasta correlaciones temporales especiales. Resultó que estos efectos pueden desvanecerse y volver a aparecer, lo que da una nueva forma de comprobar la calidad de los cúbits. En el futuro, esto ayudará a crear redes cuánticas seguras.
En el mundo cuántico existe entrelazamiento no solo en el espacio, sino también en el tiempo: un estado pasado influye en el futuro. Científicos, usando mediciones cuánticas precisas, comprobaron cuán sólidos son estos enlaces temporales en un cubit superconductor de un procesador IBM. Resultó que tres tipos de enlaces — «indestructibilidad» (la capacidad de estar en muchos estados a la vez, superposición), «controlabilidad» e «indivisibilidad» — desaparecen estrictamente uno tras otro. Primero desaparece la indestructibilidad, luego la controlabilidad, y solo después la indivisibilidad.
Esto recuerda a un malabarista con tres pelotas: una ráfaga de viento (ruido) se las arrebata de las manos en un orden determinado. Pero lo más sorprendente: cuando el cubit evolucionaba por sí solo, sin ruido inducido, algunos enlaces revivían temporalmente. Así se manifiesta la decoherencia no markoviana: el entorno como que «recuerda» el pasado del cubit y devuelve por un momento la información cuántica perdida. En dispositivos cuánticos, el ruido puede convertirse en un aliado.
Los ingenieros podrán usar esta jerarquía como una tira reactiva para cubits: una alteración del orden señala fallos. La idea de probar el macrorealismo —si un objeto grande puede comportarse cuánticamente— se remonta al debate de John Bell con la física clásica, y Richard Feynman previó los ordenadores cuánticos. Hoy sus sueños toman contornos nítidos.
🎯 En 2007 se descubrió la «muerte súbita» del entrelazamiento cuántico común. Ahora el mismo drama se repite con los enlaces temporales, y con un desenlace inesperado.