Una pelota clásica, atrapada entre dos paredes, se comporta como un estudiante aplicado: salta un poco y vuelve a su lugar. La cuántica, en cambio, se desata: su energía crece sin límite. Esta diferencia puede arrojar luz sobre cómo la naturaleza crea partículas de rayos cósmicos.
🎯 Si golpeas rítmicamente una pelota con una raqueta, rebota cada vez más alto: una manifestación cotidiana de la aceleración de Fermi.