Los agujeros negros primordiales son candidatos intrigantes para la materia oscura, pero muchas de sus masas aún no han sido comprobadas. Un nuevo estudio propone dos métodos para buscar estos objetos a escala del Sistema Solar: el primero, buscar distorsiones en las señales de púlsares causadas por agujeros con masa de asteroide; el segundo, detectar destellos de radiación cuando los agujeros de tipo planetario interactúan con cuerpos del cinturón de Kuiper. Estos enfoques, como sensores de una presencia invisible, abren el camino para estudiar masas inaccesibles a las observaciones cosmológicas.
El universo está lleno de masa invisible: la materia oscura. Una de las hipótesis dice que son diminutos agujeros negros, nacidos en el Big Bang. Con la masa de un asteroide y un tamaño menor que un átomo, atraviesan los planetas sin ser notados. Stephen Hawking ya sugirió en los años 70 que estos agujeros podrían explotar, pero hasta ahora no se han visto.
Ahora los astrónomos han ideado cómo rastrearlos. Al pasar cerca de un púlsar —un faro cósmico con un ritmo de ráfagas de radio perfectamente regular—, un agujero así desajustaría su "tic-tac" con su gravedad. La red de detectores de ondas gravitacionales captaría esta alteración. Una segunda pista sería el choque con un bloque de hielo más allá de la órbita de Neptuno: con el impacto, el gas se calentaría y brillaría durante una fracción de segundo más que la Luna llena, como una fogata de señales.
Estos métodos permiten por primera vez atrapar la materia oscura directamente en el sistema solar, convirtiéndola de invisible en presa.
🎯 Un agujero negro con la masa de un asteroide está comprimido a un tamaño menor que un núcleo atómico: atravesaría la Tierra sin tocar un solo átomo.
🎬 En el relato «El hombre agujero» de Larry Niven, un agujero negro microscópico cae sobre Marte, casi como en la cacería real de lo invisible.