En esta revisión se analizan los logros actuales en la creación de relojes nucleares de estado sólido basados en la transición nuclear de baja energía (un cambio brusco en la energía del núcleo) del torio-229 (8,4 eV). Cuando se incorpora en un cristal de CaF, la vida media de esta transición es de 641 segundos, lo que promete una alta estabilidad. El principal obstáculo es el ensanchamiento no homogéneo del espectro (dispersión de la frecuencia) debido a deformaciones y campos eléctricos creados por defectos y por los propios átomos de torio. Es curioso que esta excitación nuclear de tan baja energía sea única y permita prescindir de aceleradores voluminosos.
Los relojes atómicos convencionales se basan en la espectroscopía, el conteo de las oscilaciones de los electrones. Los relojes nucleares de torio-229, en cambio, apuntan al propio núcleo. Su estado excitado vive 641 segundos: para la física nuclear, es un péndulo en melaza densa, donde cada oscilación dura una eternidad, pero es impecablemente estable.
Al incrustar esos núcleos en un cristal, los físicos enfrentan un problema: los defectos de la red actúan como un suelo irregular que desajusta el ritmo de cada péndulo a su manera. El reto es nivelar ese suelo. Entonces los relojes serán más exactos: un error de un segundo en toda la existencia del Universo. Notarán la diferencia en el paso del tiempo entre pisos y pondrán a prueba la Modelo Estándar de la física.
🎯 El torio-229 es el único núcleo cuya transición puede excitarse con un láser ultravioleta común, en lugar de peligrosa radiación gamma. Esto convierte los experimentos en montajes de sobremesa seguros.