Los astrónomos han descubierto que los modelos estelares, como instrumentos musicales desafinados, reproducen mal la «melodía» de la luz de la estrella ultrafría TRAPPIST-1. Resultó que todo está en la presión del gas en la atmósfera: si la «bajamos», el modelo coincide con las observaciones. Esto ayudará a estudiar mejor los planetas alrededor de tales estrellas. Interesante, ¿qué otras «notas» esconden las enanas rojas?
Los astrónomos escuchan la luz de las estrellas mediante la espectroscopía: la descomponen en un arcoíris y leen las oscuras «voces» de los elementos químicos. Pero la estrella muy fría TRAPPIST-1 no sonaba como predecían los modelos: casi no se oye hierro ni agua, aunque debería haber mucho.
El error estaba en el «volumen» del entorno. En estrellas calientes como el Sol, las moléculas se empujan constantemente y sus voces se funden en una cacofonía: solo escuchamos ruido. En la atmósfera fría y tenue de TRAPPIST-1 hay pocas colisiones, y cada voz suena nítida. Los modelos aplicaban las reglas de una calle ruidosa a una biblioteca silenciosa. Tras la corrección, todo encajó. La mayoría de las estrellas de la galaxia son precisamente esas «silenciosas», y apenas ahora estamos aprendiendo a escucharlas. Ahora podemos buscar agua y rastros de vida en exoplanetas con mayor precisión.
🎯 La estrella TRAPPIST-1 es tan fría que su temperatura es de solo unos 2500 °C, la mitad de caliente que el Sol. Si estuviera en el lugar de nuestra estrella, la Tierra recibiría menos luz de la que recibe Plutón ahora.