Las bacterias en una gota de agua se empujan y nadan, cada una por su cuenta, pero juntas crean patrones. Con movimiento débil, el líquido burbujea como una sopa a fuego fuerte: los remolinos chocan y la dirección de la corriente cambia cada segundo. Esto se llama turbulencia bacteriana.
Pero si las partículas empiezan a moverse más rápido, el panorama cambia. Surge una bandada turbulenta: los remolinos caóticos no desaparecen, pero por encima de ellos aparece una dirección general de movimiento. Como si una multitud en hora punta empujara con los codos y a la vez avanzara hacia la salida.
Los autores hallaron una descripción matemática simple que predice este régimen y explica por qué, al aumentar la actividad, se pasa del caos total al orden con remolinos.
En bacterias reales, la turbulencia aparece ya con concentraciones de varios miles de millones de células por mililitro, y sin necesidad de agitación externa.