Los eclipses en estrellas dobles son como un reloj: la enana blanca (un denso remanente estelar) pasa regularmente frente a su compañera y la luz se apaga por un breve instante. Pero en la mayoría de estos pares, el reloj se adelanta o se atrasa unos segundos a lo largo de los años. Los astrónomos han medido estas irregularidades en 43 sistemas y han encontrado un patrón.
Si la estrella compañera está completamente mezclada en su interior, como una olla hirviendo, las irregularidades son débiles. Si, en cambio, tiene un núcleo sólido y una capa externa, las irregularidades son fuertes. Esto apunta a un mecanismo magnético: los campos magnéticos de la estrella, como un resorte, comprimen y estiran la órbita. Puede que también haya planetas, pero no son los protagonistas.
Queda un misterio: las fuerzas magnéticas no pueden explicar las irregularidades más rápidas y grandes. La estrella no tiene suficiente energía para cambiar la órbita tan bruscamente. Quizás actúe algo más, pero una cosa está clara: el reloj del cielo no es tan preciso como se pensaba.
Una enana blanca tiene el tamaño de la Tierra, pero su masa es como la del Sol. Una cucharadita de su materia pesaría tanto como un camión.