Una cadena caliente de átomos alineados se comporta como un diminuto agujero negro. Esta cadena es una fila de partículas, cada una de las cuales se asemeja a un pequeño imán. A temperatura normal, los imanes se voltean de forma caótica, pero si se enfrían, se alinean en un orden único. Los físicos han descubierto que, al calentarse, este sistema simple reproduce las extrañas propiedades de los agujeros negros.
El punto clave es una señal enviada a lo largo de la cadena. En una cadena fría, la señal viaja libremente de un extremo al otro. Pero basta con calentarla para que la señal empiece a «atascarse»: parte de ella se absorbe, como la luz que cae en un agujero negro. Cuanto mayor es la temperatura, más fuerte es la absorción. Esta es la primera señal de que en el sistema aparece un análogo del horizonte de sucesos: la frontera de la que nada regresa.
La segunda señal es el amortiguamiento. Si se perturba una cadena caliente, no oscilará eternamente, sino que se calmará según una ley especial: exponencialmente, como se apaga el tañido de una campana. Los agujeros negros tienen «tañidos» similares: los modos cuasinormales. Tras una perturbación, el agujero negro «suena» y se apaga. En la cadena se observa la misma ley de amortiguamiento, y su ritmo depende de la temperatura.
La tercera señal es el salto de entropía. La entropía es una medida del desorden. Un agujero negro tiene una famosa transición de fase: a una temperatura determinada, cambia bruscamente sus propiedades. En la cadena, al calentarse, la entropía también cambia bruscamente, y la temperatura de ese salto coincide con la temperatura de transición del agujero negro.
Así, un sistema simple de imanes se convierte en un puente entre el mundo cuántico y el mundo de los agujeros negros. Permite «tocar» un agujero negro en el laboratorio, sin viajar al lejano espacio. Quizás sean precisamente estas cadenas las que ayuden a desentrañar cómo está hecha la naturaleza cuántica del espacio y el tiempo.
La entropía de un agujero negro no depende de su volumen, sino del área de la superficie del horizonte: como si toda la información sobre el agujero estuviera escrita en su envoltura, no en su interior.
En la película «Interstellar», el agujero negro Gargantúa deforma el tiempo: las cadenas cuánticas podrían ser el primer paso para comprender esa física en el laboratorio.