En un acelerador de partículas, los núcleos se rompen en fragmentos, como una taza de porcelana al caer. Cada fragmento atraviesa láminas de silicio, que registran el impacto y su intensidad. Pero para distinguir una señal real del ruido aleatorio, hay que establecer un umbral: por debajo de él, las lecturas se consideran interferencia.
El experimento FOOT utiliza seis láminas de silicio de 150 micrómetros de grosor, apiladas en tres capas. Antes, los umbrales se ajustaban contrastando con otros detectores, pero eso es como arreglar un reloj mirando los vecinos: los errores se acumulan. Ahora se ha propuesto un método para ajustar los umbrales de cada sensor por separado, sin depender de los demás.
Los valores de umbral obtenidos son como la marca del cero en una regla. Desde ahí se puede subir o bajar, comprobando con qué eficacia captura el detector cada ion individual. Y si se combinan estos ajustes con la información sobre las trayectorias de las partículas, la imagen se vuelve más nítida: se ve exactamente por dónde pasó el fragmento y cuán fuerte fue la señal.
Los detectores de silicio funcionan como balanzas muy sensibles: una partícula que los atraviesa deja una carga que puede medirse con precisión de fracciones de electrón.