Una lámina de grafeno es una red de átomos de carbono de un átomo de espesor. En ella se ven las más mínimas impurezas, como motas de polvo en los cristales de las gafas. Hace diez años se aprendió a esconder el grafeno entre capas de nitruro de boro, algo así como poner una hoja frágil entre dos trozos de film transparente. Pero incluso en ese envoltorio quedaban impurezas cargadas que impedían que los electrones se movieran con libertad.
Resulta que un breve destello de luz ultravioleta profunda neutraliza esas impurezas. La luz expulsa las cargas sobrantes y el grafeno queda, de media, cien veces más limpio. Tras este tratamiento, en dispositivos comunes aparecieron raros estados cuánticos fraccionarios: los electrones se comportan como si se dividieran en partes. Algunos de estos estados podrían ser no abelianos: su orden al intercambiar partículas cambia de una manera especial, lo que es importante para los futuros ordenadores cuánticos.
El método es sencillo y rápido: basta con mantener el dispositivo terminado bajo una lámpara de luz ultravioleta profunda. Es como limpiar las gafas con una toallita especial: al instante se ven más detalles. Ahora los investigadores tienen una forma fácil de obtener grafeno de calidad excepcional para estudiar fenómenos cuánticos exóticos sin interferencias.
La luz ultravioleta profunda es el mismo tipo de luz que se usa en los hospitales para desinfectar las salas. Allí mata microbios; aquí expulsa cargas de las impurezas.