Las ecuaciones de Einstein y el modelo de Lemaître llevaban a que el Universo comenzó a partir de un punto infinitamente denso, la singularidad del Big Bang. En ese punto, la física habitual fallaba, dejando el misterio del primer instante.
La nueva hipótesis evita el callejón sin salida: en lugar de una explosión abrupta, un suave deshielo. El espacio-tiempo curvo pierde momentáneamente su estructura rígida, volviéndose maleable como hielo que empieza a derretirse. Esto suaviza la expansión y reemplaza el punto de singularidad por una materia cuántica homogénea sin rupturas.
Este enfoque permite escenarios sorprendentes. En el momento del nacimiento suave podrían haber surgido universos espejo gemelos: en ellos el tiempo fluye hacia atrás y la materia habitual es reemplazada por antimateria. Tal vez nuestro cosmos no es más que la mitad de un todo simétrico, y el Big Bang fue una silenciosa separación del estado primordial. Estas ideas empujan al modelo estándar a incluir fenómenos cuánticos en la descripción de los orígenes del universo.
El inicio del Universo puede compararse no con un estruendoso fuego artificial, sino con el silencioso deshielo de un bloque de hielo: el espacio-tiempo no estalla, sino que transita suavemente a un nuevo estado, como el hielo al agua.