Dos motas diminutas de polvo flotan en el cruce de rayos láser. Cada una se sostiene con sus propias «pinzas»: un haz enfocado que impide que la partícula caiga. Dentro de una cavidad de espejos, la luz rebota entre las paredes y sus oscilaciones se acoplan al temblor de las motas.
Normalmente, estas partículas no dejan de vibrar debido al movimiento térmico, y esa vibración impide ver efectos cuánticos. Para detenerla, los científicos usan la luz: esta absorbe energía del movimiento, como una mano que calma un columpio que se balancea. Pero cuando hay dos partículas, aparecen modos de vibración «oscuros», que la luz no puede alcanzar ni enfriar. Entonces el columpio sigue moviéndose.
Los autores encontraron la manera de controlar el acoplamiento entre la luz y las partículas girando la polarización. Con el ángulo adecuado, los seis modos de movimiento de las dos motas se enfrían simultáneamente hasta el estado cuántico fundamental, la energía más baja que permite la mecánica cuántica. Es como detener seis columpios a la vez tirando de una sola cuerda en el ángulo correcto.
Ahora las dos motas pueden comportarse como un único objeto cuántico. Sistemas así ayudarán a estudiar cómo se manifiestan las leyes cuánticas en el mundo que vemos a simple vista.
Las partículas enfriadas a su estado fundamental tienen una temperatura de millonésimas de kelvin: más frío que el espacio interestelar.